miércoles, 9 de agosto de 2017

De la nada al todo y del todo a la nada

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 Como de costumbre, me desperté. Y no, no me despertó nada ni nadie. Como de costumbre, me vestí. Y al salir; no, no había nada ni nadie.

 Por primera vez, dije que hoy sería un buen día. Y no sé a quién se le ocurrió eso de decir que sería un buen día nada más despertarse: es decir, todavía no ha dado tiempo a que todo lo malo ocurriese. Será porque sabe que todo lo malo que pueda ocurrir (y más) acabará ocurriendo, pero por la tarde.

 Odio todo como el todo me odia a mí. En la nada; ese es el problema.

 Y es que qué le hago. Juro que no hay nada ni nadie.

 Hace años que perdí miedo al amor, a ser joven y a la muerte. Aunque creo (solo creo) que lo que nunca superaré es a rodearme de la más infinita, suprema y absoluta soledad. Hay listos, sí, hay muchos listos sueltos que dicen que la nada es blanca, pero están más que equivocados. La nada es tan poco que ni siquiera tiene un color definido.

 Así es como ya se ha ido el día a la mierda.

 Y no sé si ya es por la tarde. Ni siquiera el tiempo existe. Ahora qué haré.

 Existe la historia de cómo llegué aquí. Antes de la nada había un todo, al igual que antes de un todo había una nada, y así sucesivamente. Esa historia está en otro anexo. Antes de quedarme solo, me advirtieron de que esa historia estaba en otro libro. Pero cómo me iban a decir eso, si era mi historia.

 Es gracioso pensar que cuando el todo existiese, hubiese guía. No, ahora que no hay nada, ni fe queda.

 Me preocupa llegar a no pensar en nada.

 No creo en los martes trece, pero si estamos en uno: no quiero volver a verme. Y como un solo de saxofón al ritmo del jazz, tras los aplausos me disipo y me pierdo entre... la nada.


 Cómo llegué a la nada teniéndolo todo.


 Por primera vez, me desperté. Y sí, por suerte (o por destino) me despertó el sonido de una obra en la calle de atrás y la voz de mi vecina, tan ella como ninguna otra. Por primera vez, me vestí. Y al salir, casi caigo en uno de los incontables agujeros de las obras y casi encima de mi vecina y su voz.

 Como de costumbre, dije que hoy sería un día terrible. No sé a quién se le ocurrió eso de decir que sería un buen día nada más despertarse; es decir, todavía no había dado tiempo a que todo lo malo ocurriese. Prefiero decir lo contrario, para no desilusionarme si todo lo malo (y más) ocurre, y sorprenderme si me ilusiono a buenas, pero por la tarde.

 No odio nada, y nada me odia a mí. En el todo; esa es la suerte.

 Y es que qué le hago. Juro que todo y todos están en mis manos.

 Aun así, le tengo miedo al amor, a ser joven y a la muerte. Aunque lo que creo (y tanto que creo) es que nunca temeré a rodearme de la más infinita, suprema y absoluta compañía. Hay tontos sí, hay muchos tontos sueltos que dicen que el todo es de alguno de los colores primarios, o incluso rosa, pero están más que equivocados. El todo es tanto que ni siquiera tiene un color definido.

 Así es como el día solo acaba de mejorar.

 Y no sé si es por la tarde. El tiempo solo abraza a quien cree en él. Después qué haré.

 Existe la historia de cómo llegué aquí. Antes del todo no había nada, al igual que antes de la nada había un todo, y así sucesivamente. Esa historia está en otro anexo. Incluso, nadie me advirtió de que podría estar en otro libro. Pero cómo me iban a decir eso, si era mi historia.

 Es gracioso pensar que si nada existiese, no hubiese guía. Y sí, ahora que hay todo, la fe rebosa.

 Me preocupa llegar a pensar en todo.

 Creo en los martes trece, y si estamos en uno: no quiero dejar de verme. Y como en un solo de saxofón al ritmo del jazz, tras los aplausos me disipo y me pierdo entre... el todo.



 Me ahogo pensando, y no sé si es en el todo o en la nada.





lunes, 19 de junio de 2017

Oda a la muerte en rima abrazada

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 No hay quien baile tan bien el silencio
como la muerte.

 La muerte tenía más apellidos que nombres,
y más hambre que sed.
 La muerte sabía cuántas sumas hacían falta para restarnos.

 Siempre tenía los ojos bien abiertos
por si perdía lo más bonito de su vida de un momento a otro.

 La muerte sabía bien de tsunamis en la bañera,
y de castillos en las nubes,
y de terremotos en la cama.

 Cuando decía mi nombre, le pedía que viniese
como nunca alguien la hubiese llamado.

 Nuestra pena se hallaba en la relación a distancia.

 Yo la anhelaba,
yo la deseaba a gritos entre las sábanas;
                                                                    le juro, te juro y me juro,
                                                                    que no había cosa que más desease que la muerte.

Pero claro,
ella,
 que si una cosa
   que si la otra.

             No quería aparecer.

 Con el verbo más suicida que existe; salté.
 De lo más alto a lo más profundo de la vida,
 para poder ver a la muerte, en persona.

                                       Ella estaba enfadada. Me quería, pero no allí.

 Ahora que había conseguido pasar de
estar a un centímetro de ella,
a estar dentro,
                         me repetía que no le veía el sentido;
                                            que ella me quería bien vivo.

En la oscuridad de la nada, ella estaba dispuesta a matarme,
pero antes,
                                                               me preguntó "por qué".

 y le dije:
                                                           en cada vida, querida muerte,
                                                querré conocerte como la primera vez.





lunes, 29 de mayo de 2017

Euforia

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 En el baile de los cristales rotos
 el parpadeo de la luna creciente pudo ser mortal.

 Tenía las manos ensangrentadas;
los dedos fríos
y la cabeza tan hundida entre las piernas
que podría corromper su disfraz esquelético.

 "¿A esto saben las despedidas?".

 Como si fuera un pecado,
rezó.
 A ningún Dios más que sí mismo.

 Se puso en pie,
emprendiendo el vuelo.
 Hablando de ángeles caídos,
no había uno con las alas más enterradas;
 bajo tierra en busca de fuego.

 Aun así,
 voló.

 Las farolas de la calle nunca se sintieron
de abrigo,
 hasta que el miedo y el frío tuvieron voz y voto.

 Bajo una constelación en su trance más arriesgado:

 Hermanas y hermanos,
de la noche bendecidos
y biendichos;

 nacidos por la pobreza
de quien nos ve miserables,
 bajo una capa estrellada os saludamos.

 Esta noche no hay menos que disforia;
si nos arrestan mil años, que sea por vivir en ruina;

              que sea bien muertos de euforia.




martes, 18 de abril de 2017

Soy un niño asustado

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 Érase una vez,
 un niño asustado.

 Un niño tan asustado que tenía
 miedo de asustarse tanto.

 Cuando le preguntaban qué,
él decía cuándo,
porque era simplemente un niño.

 Por las noches soñaba que era un adulto,
de traje y corbata,
 y que si tenía suerte,
podía ser otro animal cualquiera
porque de ser humano estaba harto.

 Andaba sobre lo andado
y comía sobre lo masticado.
 Tenía tantos nervios
que los nervios no tenían nada.

 Cuando se miraba al espejo se asustaba
más todavía.

 Al principio no entendía nada.
 Todo estaba tan correcto que le dio
por ser incorrecto allá donde iba.
 Asustaba a los demás.

 Por las noches volvía a soñar,
pero antes hablaba en voz baja;
gritando lo que tenía que callar,
rezando entre padres ateos
si mañana podría dejar de pensar.

 Llegó una época en la que odiaba estar asustado.
 Rompía dibujos que antes estuvieron en el frigorífico y
se sumergió en sus pensamientos
mientras cantaba la famosa canción del submarino amarillo.
 Se convenció de que tenía que hacerlo todo mal;
para que así
alguien viniese
a querer arreglarle.

 Pésimo.

 Años más tarde,
tras una doble visita al médico,
con el bien y el mal en cada hombro
y a expensas de una respuesta,
 el intento de asfixia con el estetoscopio
le acompañó de un ridículo consuelo,
que casi provenía de más allá del techo.

 Algo tenía que pasar.
 Era un niño macabro;
pero
"tú me haces parecer tan bueno"
-no paraba de repetirle al otoño.

                                        (Quizá esto no es una historia, y mucho menos un cuento).

 El tiempo continuaba porque debía continuar.
 Le negó a todos lo que ayer asentía
para años más tarde asentirlo todo.
 Sentirlo todo.

 "Mamá, hoy cumplo dieciséis.
¿Cuándo va a cumplir alguien conmigo?"
Y la vela se esfumó.
 Pero es cierto. Tenía razón.

 No hacía falta que nadie le arreglase.
Nunca había estado roto;
sino algo herido.

 Tenía un plan.

 Como esto no es un cuento, ni se le parece:

  Todos fueron felices y comieron perdices,
pero el niño, consolado por sí mismo,
 seguía asustado de que los demás a su alrededor
no lo reconocieran como asustado. O como niño.


Nunca más estaré asustado. Ese es el plan.




 Bueno, no es lo mejor que he escrito y sigue sin tener madera ni hierros de poesía. No sé, la poesía vale más. 
 Esta es la historia, que bueno, no es tan triste: todavía falta por escribirse. Dadle tiempo.

 Por cierto, sé que dije que aparecería por aquí más y tal, pero bueno, ya conocéis mi amor por comprar tabaco de forma figurada (literal no, que fumar está muy mal y sabe a calcetín de nomo).
             (Que en español se escriba 'nomo' es muy gracioso, así que lo escribiré mucho más. También es gracioso que en el link ponga 'nino'. Suena a sirena. Soy un 'ninoninonino').

 En fin, espero que mi poca chispa os sirva de regalo, porque adoraría estar diciendo cualquier basura que os haga reír, pero con tantas cosas pendientes y collares, pues como que se hace difícil.

 Nos vemos muy, muy, muy, próximamente (o eso espero).

 Hasta la próxima, niñes asustades.
 -Grigori (con bastante sueño).

 Twitter: @GrigoriEndless

miércoles, 15 de marzo de 2017

Esto no es poesía, pero es para ti

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 Mirar por la ventana solo incrementa
las ganas de perderme entre la amnesia.

 En cuanto a hambre; claro que tengo.
He perdido mi amor por la vida,
 que no al amor de mi vida.
Pero no el apetito.

 Estos no son los versos más tristes,
pero esta noche sí podría serlo.
 Calla, Neruda, antes de que tu nombre
me recuerde a aquel adjetivo.

 No.

 Pero tal vez sí.

 Esto no es poesía por mucho que sueñe con serlo.

 La poesía es como Dios,
está muerta.

 Muerta como el vaho por tu boca una mañana
de invierno al cabo de una media de tres segundos.

 ¿Qué harías si mañana recibes
la carta?
 ¿Qué harías si he muerto?
  Juro que no me perdonaría verte
gritar.

 ¿Qué gritarías?

 Vivíamos en un extraño
galimatías capaz de simplificarse
con que susurraras mi nombre
en el momento indicado.

 Si esta carta es la última que recibes,
no permitas que aquella sea la última que escribas.

 Dices que no te has ido, y que nunca lo harás.

 Aun así,

 dejaré la puerta,
ventanas,
orejas
y libros abiertos
por si algún día
                           quieres volver.






 Soy Grigori y a veces soy un poco idiota. Todo está bien porque sabe estarse bien. Esto no es poesía, pero dejadle existir, igual para alguien lo sea.
 Me entraron bastantes ganas de escuchar All by myself después de haber visto El diario de Bridget Jones, y bueno, pues eso ha salido.

 Pronto tendré más tiempo libre para planificar algo bien hecho, no este popurrí de sentimientos un miércoles por la noche, con una tormenta de inspiración de diez minutos y medio.

 Hasta la próxima, no poetas. Hasta la muy pronto próxima.
  -Grigori.

viernes, 10 de febrero de 2017

El semi-soneto de la Constelación

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 El semi-soneto de la Constelación

Una constelación, en noche fría,
describiome de ella lo más sentido:
"—Sus ojos, cual faro de Alejandría
devolverán a Roma al más perdido".

 Asentí, pero dudaba si existía.
La constelación se dio a enloquecer:
"—¿Desconoces a aquella que te guía?
"—Si esa Diosa existe, París puede arder".

Constelación me sirvió de un consejo:
"—No enfurezcas a un servidor ferviente".
Para mis adentros: 
"—Mejor... me alejo".

Por la noche vi una luz de repente.
Se personalizó frente al espejo.
"Constelación eres y serás", dijo.
Añadí casi en silencio:
"—París no arderá por miedo a perderte".





 Pues eso; salió hoy completamente en un par de horas, y no sé, es así como un casi cuento, como un casi soneto. Comenzó siéndolo, pero al final tuve que formular una estrofa muy extraña, y os explico cómo funciona su rima: AB--A. Sí, los versos tercer y cuarto de esa estrofa son de rima libre, porque sí, porque puedo. Más bien sirven como una aclaración. Y a ese tipo de sonetos con final inesperado los he nombrado "semi-sonetos". 

 La última vez que escribí un soneto fue el seis de septiembre de 2015, así que, bueno, creo que es una vuelta con fuerza (además de porque este poema ha sido un regalo para una persona... interesante. Por cierto, me dijo que le gustó, y espero que también os guste a vosotres).

 En cuanto a su historia, es sobre una "constelación" que le habla a una persona sobre un ser divino, casi artificial, a la que rinde un amor rozando lo religioso. La persona, en sí, no lo comprende, hasta que se le aparece esa tal Diosa y comienza a venerarla de la misma forma. Es como si sus seguidores se convirtiesen en constelaciones.

 Sí, puede sonar algo chungo si alguien te regala y dedica un poema con una situación así de extraña, pero qué decir, si esa persona brilla tanto que hace brillar a las personas que tiene cerca. Ella sabrá.

 Y bueno, otro tema que quería tocar es que ya no me llamo Marilén. Ahora me llamo Grigori, y espero llevarlo a lo legal, no solo a lo ficticio. Es un nombre perfecto para una cabeza como esta. Si alguna vez se pudiera llevar a cabo un "preguntas y respuestas" y entrase una pregunta sobre este tema, podría explicar de dónde viene y por qué lo elegí (podéis incluso dejar preguntas y dudas en comentarios, como siempre).

 Eso es todo por ahora, pero pronto más y mejor (como solía decir en este blog hace dos años).

 Hasta la próxima, Dioses.
 -Grigori (y la doble g) (no había pensado en esto todavía, pero suena gracioso).

 Twitter: @GrigoriEndless.

martes, 31 de enero de 2017

Solo sé (de ella) que no sé nada

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Sabe que existo. Muy poco, pero lo sabe.

 Sabe que me gusta la música, y que vivo solo por ella. Por ellas dos.

 Sabe que odio el chocolate blanco.

 Sabe que mi número favorito es el cinco, y el seis, y el veintiuno y el veintidós.

 No creo que sepa mucho más, no.

 Yo sí sé algo de ella. Tampoco mucho.

 Sé qué música escucha... y no nos parecemos en nada en cuanto a ello, pero no negaré bailar alguna de sus canciones si lo pide.

 Sé... que le gusta la poesía, y qué rotunda coincidencia. Aunque no sé qué autores, qué estrofas, qué época literaria le gusta.

 Sé que no le gusta que la comparen con su hermana pequeña. Y mucho menos que confundan quién es mayor de las dos.

 Sé que no le gusta su sonrisa, pero lo sabía desde el momento en el que intentó esconderla cuando rió por primera vez. Y las próximas.

 Sé que no le gustan las fotos. Tiene algunas inseguridades que necesita quemar.

 Sé que pide deseos, que deseo que se le cumplan.

 Sé que odia las matemáticas, pero las estudia porque no sabe qué estudiar. Exactamente. Es difícil de entender.

 Sé que le gusta leer, pero que ya no tiene tiempo para hacerlo.

 Sé que nunca se ha enamorado. Sé que nunca ha besado. Sé que nunca ha tenido pareja. Y sé que eso puede no cambiar, al menos no por mí.

 Sé que a ella le gusta que le pregunten por sus sueños y metas. Como a todo el mundo. Pero ella es algo diferente.

 Sé que le gusta ver series en su tiempo libre. Sé que odia los spoilers.

 Sé que su color favorito es no tener color favorito. ¿No es increíble?

 Sé..."

—Perdona que le interrumpe, pero... no es momento de hablar de eso. Una descripción física, sí; eso es lo que quería especificar.

 No sabía a qué se refería. Antes sí. Después, no.

—¿Cómo que física? ¿De su cuerpo?

 ¿Me estaba tomando el pelo?

—Señor... esta llamada no es para hacer tonterías, es muy importante. Estamos buscando a una persona desaparecida, de unos diecinueve años, poca altura y que no vive en este país.

 Estuve en silencio durante unos segundos hasta dar una respuesta.

—Claro. Exacto. Llamo por eso. Yo también la estoy buscando.

 El hombre pareció calmarse. Su tono de voz cambió.

—Bien, pues hágame una descripción física de ella. Nos ayudará muchísimo, y la encontraremos fácilmente —suspiró—. Óigame, esto es sencillo: responde y pronto volverá.

 Todavía sentía que, de alguna forma u otra, me estaba engañando. 

—Respondo, para que vuelva pronto: nunca la conocí. Pero la estoy buscando desde que nací, lo juro. Sé que...

¿Oiga? ¿Hay alguien? ¿Hola?

 Otra vez igual...

 ¿Y ahora cómo la voy a encontrar?

 ¿Qué haré ahora...

 que solo sé de ella que no sé nada?








 Bueno, pues... ahí queda ese muy corto relato, que de una forma u otra puede parecer soso y común, pero quizá más de uno aquí y ahora se encuentra en la misma situación que nuestro protagonista. Quién sabe, ¿eh?

 También he reaparecido porque bueno, es el último día del mes y este relato llevaba perdido en borradores un tiempo, y no quería que se sumara este mes sin un archivo. No lo quería subir, pero teniéndolo en cuenta, cuando el año acabe puedo comparar la inspiración a escribir esto con la última entrada de este año que nos espera. Puede ser interesante, ¿no? Solo sé que no se nada, supongo.

 Hasta la próxima, buscadores (intentaré volver tan pronto como la encuentre. En realidad no. Volveré pronto, lo juro).

 Por cierto, adelanto esto, pero quizá cambie mi nombre en este blog. Sí, por qué no. Pero eso lo veremos más adelante. Cuidaos.

 Twitter: @grigoriendless
 Marilenendless@gmail.com