lunes, 19 de junio de 2017

Oda a la muerte en rima abrazada



 No hay quien baile tan bien el silencio
como la muerte.

 La muerte tenía más apellidos que nombres,
y más hambre que sed.
 La muerte sabía cuántas sumas hacían falta para restarnos.

 Siempre tenía los ojos bien abiertos
por si perdía lo más bonito de su vida de un momento a otro.

 La muerte sabía bien de tsunamis en la bañera,
y de castillos en las nubes,
y de terremotos en la cama.

 Cuando decía mi nombre, le pedía que viniese
como nunca alguien la hubiese llamado.

 Nuestra pena se hallaba en la relación a distancia.

 Yo la anhelaba,
yo la deseaba a gritos entre las sábanas;
                                                                    le juro, te juro y me juro,
                                                                    que no había cosa que más desease que la muerte.

Pero claro,
ella,
 que si una cosa
   que si la otra.

             No quería aparecer.

 Con el verbo más suicida que existe; salté.
 De lo más alto a lo más profundo de la vida,
 para poder ver a la muerte, en persona.

                                       Ella estaba enfadada. Me quería, pero no allí.

 Ahora que había conseguido pasar de
estar a un centímetro de ella,
a estar dentro,
                         me repetía que no le veía el sentido;
                                            que ella me quería bien vivo.

En la oscuridad de la nada, ella estaba dispuesta a matarme,
pero antes,
                                                               me preguntó "por qué".

 y le dije:
                                                           en cada vida, querida muerte,
                                                querré conocerte como la primera vez.





lunes, 29 de mayo de 2017

Euforia



 En el baile de los cristales rotos
 el parpadeo de la luna creciente pudo ser mortal.

 Tenía las manos ensangrentadas;
los dedos fríos
y la cabeza tan hundida entre las piernas
que podría corromper su disfraz esquelético.

 "¿A esto saben las despedidas?".

 Como si fuera un pecado,
rezó.
 A ningún Dios más que sí mismo.

 Se puso en pie,
emprendiendo el vuelo.
 Hablando de ángeles caídos,
no había uno con las alas más enterradas;
 bajo tierra en busca de fuego.

 Aun así,
 voló.

 Las farolas de la calle nunca se sintieron
de abrigo,
 hasta que el miedo y el frío tuvieron voz y voto.

 Bajo una constelación en su trance más arriesgado:

 Hermanas y hermanos,
de la noche bendecidos
y biendichos;

 nacidos por la pobreza
de quien nos ve miserables,
 bajo una capa estrellada os saludamos.

 Esta noche no hay menos que disforia;
si nos arrestan mil años, que sea por vivir en ruina;

              que sea bien muertos de euforia.




martes, 18 de abril de 2017

Soy un niño asustado


 Érase una vez,
 un niño asustado.

 Un niño tan asustado que tenía
 miedo de asustarse tanto.

 Cuando le preguntaban qué,
él decía cuándo,
porque era simplemente un niño.

 Por las noches soñaba que era un adulto,
de traje y corbata,
 y que si tenía suerte,
podía ser otro animal cualquiera
porque de ser humano estaba harto.

 Andaba sobre lo andado
y comía sobre lo masticado.
 Tenía tantos nervios
que los nervios no tenían nada.

 Cuando se miraba al espejo se asustaba
más todavía.

 Al principio no entendía nada.
 Todo estaba tan correcto que le dio
por ser incorrecto allá donde iba.
 Asustaba a los demás.

 Por las noches volvía a soñar,
pero antes hablaba en voz baja;
gritando lo que tenía que callar,
rezando entre padres ateos
si mañana podría dejar de pensar.

 Llegó una época en la que odiaba estar asustado.
 Rompía dibujos que antes estuvieron en el frigorífico y
se sumergió en sus pensamientos
mientras cantaba la famosa canción del submarino amarillo.
 Se convenció de que tenía que hacerlo todo mal;
para que así
alguien viniese
a querer arreglarle.

 Pésimo.

 Años más tarde,
tras una doble visita al médico,
con el bien y el mal en cada hombro
y a expensas de una respuesta,
 el intento de asfixia con el estetoscopio
le acompañó de un ridículo consuelo,
que casi provenía de más allá del techo.

 Algo tenía que pasar.
 Era un niño macabro;
pero
"tú me haces parecer tan bueno"
-no paraba de repetirle al otoño.

                                        (Quizá esto no es una historia, y mucho menos un cuento).

 El tiempo continuaba porque debía continuar.
 Le negó a todos lo que ayer asentía
para años más tarde asentirlo todo.
 Sentirlo todo.

 "Mamá, hoy cumplo dieciséis.
¿Cuándo va a cumplir alguien conmigo?"
Y la vela se esfumó.
 Pero es cierto. Tenía razón.

 No hacía falta que nadie le arreglase.
Nunca había estado roto;
sino algo herido.

 Tenía un plan.

 Como esto no es un cuento, ni se le parece:

  Todos fueron felices y comieron perdices,
pero el niño, consolado por sí mismo,
 seguía asustado de que los demás a su alrededor
no lo reconocieran como asustado. O como niño.


Nunca más estaré asustado. Ese es el plan.




 Bueno, no es lo mejor que he escrito y sigue sin tener madera ni hierros de poesía. No sé, la poesía vale más. 
 Esta es la historia, que bueno, no es tan triste: todavía falta por escribirse. Dadle tiempo.

 Por cierto, sé que dije que aparecería por aquí más y tal, pero bueno, ya conocéis mi amor por comprar tabaco de forma figurada (literal no, que fumar está muy mal y sabe a calcetín de nomo).
             (Que en español se escriba 'nomo' es muy gracioso, así que lo escribiré mucho más. También es gracioso que en el link ponga 'nino'. Suena a sirena. Soy un 'ninoninonino').

 En fin, espero que mi poca chispa os sirva de regalo, porque adoraría estar diciendo cualquier basura que os haga reír, pero con tantas cosas pendientes y collares, pues como que se hace difícil.

 Nos vemos muy, muy, muy, próximamente (o eso espero).

 Hasta la próxima, niñes asustades.
 -Grigori (con bastante sueño).

 Twitter: @GrigoriEndless

miércoles, 15 de marzo de 2017

Esto no es poesía, pero es para ti


 Mirar por la ventana solo incrementa
las ganas de perderme entre la amnesia.

 En cuanto a hambre; claro que tengo.
He perdido mi amor por la vida,
 que no al amor de mi vida.
Pero no el apetito.

 Estos no son los versos más tristes,
pero esta noche sí podría serlo.
 Calla, Neruda, antes de que tu nombre
me recuerde a aquel adjetivo.

 No.

 Pero tal vez sí.

 Esto no es poesía por mucho que sueñe con serlo.

 La poesía es como Dios,
está muerta.

 Muerta como el vaho por tu boca una mañana
de invierno al cabo de una media de tres segundos.

 ¿Qué harías si mañana recibes
la carta?
 ¿Qué harías si he muerto?
  Juro que no me perdonaría verte
gritar.

 ¿Qué gritarías?

 Vivíamos en un extraño
galimatías capaz de simplificarse
con que susurraras mi nombre
en el momento indicado.

 Si esta carta es la última que recibes,
no permitas que aquella sea la última que escribas.

 Dices que no te has ido, y que nunca lo harás.

 Aun así,

 dejaré la puerta,
ventanas,
orejas
y libros abiertos
por si algún día
                           quieres volver.






 Soy Grigori y a veces soy un poco idiota. Todo está bien porque sabe estarse bien. Esto no es poesía, pero dejadle existir, igual para alguien lo sea.
 Me entraron bastantes ganas de escuchar All by myself después de haber visto El diario de Bridget Jones, y bueno, pues eso ha salido.

 Pronto tendré más tiempo libre para planificar algo bien hecho, no este popurrí de sentimientos un miércoles por la noche, con una tormenta de inspiración de diez minutos y medio.

 Hasta la próxima, no poetas. Hasta la muy pronto próxima.
  -Grigori.

viernes, 10 de febrero de 2017

El semi-soneto de la Constelación


 El semi-soneto de la Constelación

Una constelación, en noche fría,
describiome de ella lo más sentido:
"—Sus ojos, cual faro de Alejandría
devolverán a Roma al más perdido".

 Asentí, pero dudaba si existía.
La constelación se dio a enloquecer:
"—¿Desconoces a aquella que te guía?
"—Si esa Diosa existe, París puede arder".

Constelación me sirvió de un consejo:
"—No enfurezcas a un servidor ferviente".
Para mis adentros: 
"—Mejor... me alejo".

Por la noche vi una luz de repente.
Se personalizó frente al espejo.
"Constelación eres y serás", dijo.
Añadí casi en silencio:
"—París no arderá por miedo a perderte".





 Pues eso; salió hoy completamente en un par de horas, y no sé, es así como un casi cuento, como un casi soneto. Comenzó siéndolo, pero al final tuve que formular una estrofa muy extraña, y os explico cómo funciona su rima: AB--A. Sí, los versos tercer y cuarto de esa estrofa son de rima libre, porque sí, porque puedo. Más bien sirven como una aclaración. Y a ese tipo de sonetos con final inesperado los he nombrado "semi-sonetos". 

 La última vez que escribí un soneto fue el seis de septiembre de 2015, así que, bueno, creo que es una vuelta con fuerza (además de porque este poema ha sido un regalo para una persona... interesante. Por cierto, me dijo que le gustó, y espero que también os guste a vosotres).

 En cuanto a su historia, es sobre una "constelación" que le habla a una persona sobre un ser divino, casi artificial, a la que rinde un amor rozando lo religioso. La persona, en sí, no lo comprende, hasta que se le aparece esa tal Diosa y comienza a venerarla de la misma forma. Es como si sus seguidores se convirtiesen en constelaciones.

 Sí, puede sonar algo chungo si alguien te regala y dedica un poema con una situación así de extraña, pero qué decir, si esa persona brilla tanto que hace brillar a las personas que tiene cerca. Ella sabrá.

 Y bueno, otro tema que quería tocar es que ya no me llamo Marilén. Ahora me llamo Grigori, y espero llevarlo a lo legal, no solo a lo ficticio. Es un nombre perfecto para una cabeza como esta. Si alguna vez se pudiera llevar a cabo un "preguntas y respuestas" y entrase una pregunta sobre este tema, podría explicar de dónde viene y por qué lo elegí (podéis incluso dejar preguntas y dudas en comentarios, como siempre).

 Eso es todo por ahora, pero pronto más y mejor (como solía decir en este blog hace dos años).

 Hasta la próxima, Dioses.
 -Grigori (y la doble g) (no había pensado en esto todavía, pero suena gracioso).

 Twitter: @GrigoriEndless.

martes, 31 de enero de 2017

Solo sé (de ella) que no sé nada


Sabe que existo. Muy poco, pero lo sabe.

 Sabe que me gusta la música, y que vivo solo por ella. Por ellas dos.

 Sabe que odio el chocolate blanco.

 Sabe que mi número favorito es el cinco, y el seis, y el veintiuno y el veintidós.

 No creo que sepa mucho más, no.

 Yo sí sé algo de ella. Tampoco mucho.

 Sé qué música escucha... y no nos parecemos en nada en cuanto a ello, pero no negaré bailar alguna de sus canciones si lo pide.

 Sé... que le gusta la poesía, y qué rotunda coincidencia. Aunque no sé qué autores, qué estrofas, qué época literaria le gusta.

 Sé que no le gusta que la comparen con su hermana pequeña. Y mucho menos que confundan quién es mayor de las dos.

 Sé que no le gusta su sonrisa, pero lo sabía desde el momento en el que intentó esconderla cuando rió por primera vez. Y las próximas.

 Sé que no le gustan las fotos. Tiene algunas inseguridades que necesita quemar.

 Sé que pide deseos, que deseo que se le cumplan.

 Sé que odia las matemáticas, pero las estudia porque no sabe qué estudiar. Exactamente. Es difícil de entender.

 Sé que le gusta leer, pero que ya no tiene tiempo para hacerlo.

 Sé que nunca se ha enamorado. Sé que nunca ha besado. Sé que nunca ha tenido pareja. Y sé que eso puede no cambiar, al menos no por mí.

 Sé que a ella le gusta que le pregunten por sus sueños y metas. Como a todo el mundo. Pero ella es algo diferente.

 Sé que le gusta ver series en su tiempo libre. Sé que odia los spoilers.

 Sé que su color favorito es no tener color favorito. ¿No es increíble?

 Sé..."

—Perdona que le interrumpe, pero... no es momento de hablar de eso. Una descripción física, sí; eso es lo que quería especificar.

 No sabía a qué se refería. Antes sí. Después, no.

—¿Cómo que física? ¿De su cuerpo?

 ¿Me estaba tomando el pelo?

—Señor... esta llamada no es para hacer tonterías, es muy importante. Estamos buscando a una persona desaparecida, de unos diecinueve años, poca altura y que no vive en este país.

 Estuve en silencio durante unos segundos hasta dar una respuesta.

—Claro. Exacto. Llamo por eso. Yo también la estoy buscando.

 El hombre pareció calmarse. Su tono de voz cambió.

—Bien, pues hágame una descripción física de ella. Nos ayudará muchísimo, y la encontraremos fácilmente —suspiró—. Óigame, esto es sencillo: responde y pronto volverá.

 Todavía sentía que, de alguna forma u otra, me estaba engañando. 

—Respondo, para que vuelva pronto: nunca la conocí. Pero la estoy buscando desde que nací, lo juro. Sé que...

¿Oiga? ¿Hay alguien? ¿Hola?

 Otra vez igual...

 ¿Y ahora cómo la voy a encontrar?

 ¿Qué haré ahora...

 que solo sé de ella que no sé nada?








 Bueno, pues... ahí queda ese muy corto relato, que de una forma u otra puede parecer soso y común, pero quizá más de uno aquí y ahora se encuentra en la misma situación que nuestro protagonista. Quién sabe, ¿eh?

 También he reaparecido porque bueno, es el último día del mes y este relato llevaba perdido en borradores un tiempo, y no quería que se sumara este mes sin un archivo. No lo quería subir, pero teniéndolo en cuenta, cuando el año acabe puedo comparar la inspiración a escribir esto con la última entrada de este año que nos espera. Puede ser interesante, ¿no? Solo sé que no se nada, supongo.

 Hasta la próxima, buscadores (intentaré volver tan pronto como la encuentre. En realidad no. Volveré pronto, lo juro).

 Por cierto, adelanto esto, pero quizá cambie mi nombre en este blog. Sí, por qué no. Pero eso lo veremos más adelante. Cuidaos.

 Twitter: @grigoriendless
 Marilenendless@gmail.com

sábado, 31 de diciembre de 2016

Como si fuera ayer


 ¿Qué tal por aquí, personitas?
 Como veis, esta es la despedida del año; mas la bienvenida al próximo.

 Sí, este es el resumen del 31 que la ley de la sociedad manda escribir. Aun así, ya conocéis mis modos más que suficiente.

 Cuando pienso en cómo ha funcionado este año, lo imagino y revivo todo como si fuera ayer.

 Como si fuera ayer nos reunimos cinco. Cinco y nuestro compañero; diez.
 Diez en el escenario.

 Nos reunimos cinco con el mismo sueño y tal que lo repartimos; arrasamos con todo.

 En un año, canción, tres conciertos, estrés y muchos momentos inolvidables.

 Como si fuera ayer,

 También,
 como si fuera ayer,
 ocurrió.

 Ocurrió aquello que tanto me frustró que no ocurriese dos años atrás, y esta vez bajo la ayuda de conocidos, desconocidos y otro nivel de personas más. Fue espectacular.

 Pero ocurrió, y parece que no, pero así fue.

 Fue únicamente un paso hacia delante; pero qué paso.

 Como si fuera ayer.

 Por otra parte, como si fuera ayer,
 ocurrió algo de lo que... sí, claramente, me enorgullezco, y me alegro muchísimo por ello. Parecía imposible. Quizás, imposible al cuadrado.

 Pero por magia blanca, azul, morada o qué sé yo, sucedió.

 Aunque esta, sí será la última vez.

 Como si fuera ayer.

 Aunque, como si fuera ayer, hice un grandísimo colega. No solo un colega con cuerdas, sino uno que también se interesó por cuerdas, y que mola mucho. Es un muy buen amigo que, sin duda, sé que seguirá el próximo año.

 Como si fuera ayer.

 Claramente, como si fuera ayer, también recuerdo a esas personas que hicieron mi día desde hacía años, y que este no sería una excepción;

 a ti, porque, como si fuera ayer, me has cuidado y escuchado cada media hora al día, como igual he procurado hacer contigo.

 a ti, porque, como si fuera ayer, has sido el geek más geek de todos. Eres un pedazo de drama. No me olvides de la forma que yo no te olvido.

 a ti, porque, como si fuera ayer, has estado ahí. Quizá haya sido todo muy complicado entre tú y yo, pero con entendimiento y confianza... No temas a abrirte. Brillas.

 a vosotros, porque, como si fuera ayer, y como ya he dicho, habéis nombrado este año como "el año musical".

 a vosotras, porque, como si fuera ayer, aunque realidad; ahora mismo, estáis ahí. Siempre. Aunque a veces cueste que estemos ahí. Estamos. Y estaremos.

 a ti, porque, como si fuera ayer, te repito que dejes de fumar. Que estás guapísima cuando fumas, pero muchísimo más cuando no.

 a ti, porque, como si fuera ayer, recuerdo nuestra promesa: para siempre. Aunque los 'para siempre' no existan, y a ti y a mí a veces se nos va la cabeza. Eres increíble.

 a ti, porque, como si fuera ayer, te escribo. Musas solo hay una, y tú estarás, como si fuera ayer, hasta que muera. O hasta que pierda la memoria. Quién sabe qué ocurre antes. Gracias por quedarte; por ser arte. Sublime.

 a ti, porque, como si fuera ayer, has sabido salvarme. No hay quien me lea la mente más rápido como tú has sabido hacerlo. Eres el firmamento, sin firmas y algo más que estrellas. Me alegrará poder confirmarme el próximo 31 de diciembre que sí, has seguido aquí. Y lo siento, de antemano. Sí, no puedo parar de repetirlo. Eres la mejor. Calla. La mejor.

 y faltan muchos 'a ti', pero estas personas saben que hay algo fuerte en mí unido a ellas, como el hilo rojo del destino; pero como si fuera el hilo rojo del año. El próximo podría cambiar o tal vez no. Quién sabe, esto va a gusto de consumidor.


 Y por último, pero no menos importante;

 a ti, lector. Por permanecer bajo la tormenta o entre el desierto. Siempre habrá un regalo para ti todo lo rápido que pueda construirlo. Gracias por el amor y el apoyo; os lo intento devolver en letra, y espero que siga siendo así.



 Ahora sí.

 Tendría que escribir un 'a ti' para mí, pero eso es algo que reflexionaré antes de dormir, porque hay muchas cosas que discutir esta noche. Pero nada chungo.



 Solo me falta desearos el año nuevo. Tened mucho cuidadito esta noche y todas las que vengan. Tenéis que brillar, bailar y cantar para poder vernos en otra entrada así el próximo 31. Pasadlo genial, tanto esta noche como en los exámenes de enero. Podéis con ello. Suerte.

 Hasta la próxima, años nuevos.
 -Marilen (y la tilde invisible en la e).

sábado, 24 de diciembre de 2016

El psicólogo, el paciente y él mismo


 Alguien llama a la puerta.

 —Pasa, está abierta.

 La puerta lentamente se abre, aunque torpemente. Como si fuese de un material más fuerte del que realmente es.

 Al abrirse por completo, entra un joven rubio, de ojos color 'muy perdido', y un poco de azul, casi marino, casi oceánico. No era muy alto, pero el pelo revuelto le regalaba quizá un par de centímetros.

 El psicólogo y él se miran fijamente antes de que él, en la puerta, hiciera algún movimiento.

 Al ver que el comportamiento del joven podía llevar un tiempo hasta adecuarse a la extraña e incómoda situación, el psicólogo le invitó a sentarse, como quien invita a la primavera.

 —Siéntate aquí, delante mía. Como siempre.

 El joven por fin consigue sentarse en la silla, sin mucho afán de hablar, o incluso parpadear.

 El psicólogo suspiró ante todo esto que estaba ocurriéndose, y quitándose las gafas, aclarándose la frente empapada en sudor y rascándose la nariz, consiguió formular una pregunta.

 —¿Y ahora qué has hecho, Ethan?

 El joven se mira los pies debajo de la mesa, observando sus zapatos y moviendo vagamente los pies.

 —Escúchame, Ethan —mira el reloj de la pared a su izquierda—. Puedo quedarme aquí todo el tiempo que quieras hasta que dispares.

 Ethan miró a sus lados, como buscando a alguien que pudiera sacarlo del apuro. Y no, no encontró a nadie en aquella sala completamente blanquecina, con algunos cuadros y periódicos enmarcados.

 —Yo no he hecho nada. ¿Qué has hecho tú?

 El psicólogo estaba perplejo ante la respuesta, pero aun así, parecía que no había vivido muy lejos de esas respuestas con más preguntas.

 Le hizo una mirada que él entendió completamente.

 —Realmente no he hecho nada —el psicólogo señaló al reloj de la pared—. Vale, sí. Quizá lo he hecho todo. Qué sé yo.

 Otro silencio se hizo sentir.

 —Escucha, solo te lo voy a contar una vez: estoy harto. No quería hacer nada malo. Es decir, yo... Ya sabes que no puedo no mentir. Compréndeme —se rascó la barbilla mientras miraba fijamente a un bolígrafo de encima de la mesa—. Bueno, no, mejor no me comprendas. También estoy cansado de tener que explicar las cosas. Sí, he hecho lo que me ha dado la gana; he mentido en esto, he hecho trampas en lo otro, he roto el autoestima de esta otra persona y el corazón de la única que existiría. Y no me vengas con los cuentos de la empatía y la culpabilidad, que hoy no estoy para juegos.

 Volvió a mirar sus zapatos, y con un tono mucho menos elevado, alegó:

 Déjame estar en silencio 

 El psicólogo respiró profundamente, como si todas las acciones de Ethan penetrasen en él como un verano se clava en el pelo volviéndolo más claro.

 —El problema real no es que hayas hecho lo que has hecho —cogió el bolígrafo de la mesa y empezó a observarlo como si fuera la primera vez; como si no fuese su bolígrafo—. El problema es que, únicamente te das cuenta de lo que has hecho, cuando hablas conmigo.

 Ethan ni siquiera le estaba mirando, pero probablemente estaba analizando qué decir; cómo contraatacar.

 —Quizá, mi único problema eres tú —de repente se levantó del asiento, dispuesto a irse—. Si tú no estuvieses, podría hacer lo que hago, es decir; lo que me da la realísima gana.

 El psicólogo se levantó antes de que Ethan pudiera llegar hacia la puerta.

 —Ni de coña te vas a librar de mí. Me necesitas, ¿o acaso te estás olvidando de todas las veces que te he salvado la vida, impulsivo? —Ethan intentó irse ante eso, pero el psicólogo le agarró del brazo—. Te vas a quedar aquí, en esta sala, y no te vas a ir a ninguna parte. Vas a reflexionar sobre qué has hecho, y sobre qué harás.

 Ethan, entonces, soltó su brazo de las manos del psicólogo con fuerza, pero prácticamente se había calmado.

 —Hay trato, pero únicamente si te vas. Y bien lejos.

 Pensó que con eso ya tendría ganado al psicólogo. Pero este no es para nada imbécil.

 Aceptó el trato. Ethan se sentó en la silla, otra vez, y el psicólogo le dijo que volvería en dos horas; que estaría bien lejos. Como las intenciones del joven eran obvias, el psicólogo sacó su llave del bolsillo, para que este no escapase.

 Se cierra la puerta desde fuera.

 Dentro no hay nadie.




 Aquí os dejo este relatillo corto, que sí; no equilibra el tiempo de inactividad que he obligado a ocurrir y coexistir con la naturaleza de este blog. Voy a usar el "no he hecho nada malo" de Ethan, como quien quiere y a la vez no quiere la cosa.

 Prácticamente, mi inactividad latente volverá en cuanto comience el año nuevo, y con él, la vuelta a la rutina. Aun así, espero que, en lo que queda de mes, pueda escribir alguna entrada más (al menos la despedida del año, como siempre).

 Y no creáis que me he olvidado de quienes me leéis, porque ni de broma lo haría. Cada día entro aquí pensando cuánto tiempo más estaré sin poder brindaros, aunque sea, de una chorrada simple, que os entretenga un rato. Pero bueno, no hay más cháchara; no os vayáis, que todavía queda invierno e infierno por aquí.

 Hasta la próxima (y lucharé por la muy, muy próxima), psicólogos.

 -Marilen (y la tilde invisible en la e).

 Marilenendless@gmail.com



sábado, 19 de noviembre de 2016

De aquí a Neptuno las veces que quieras

 Fuimos Japón y su mala racha.
 Troya en la fiesta de la hoguera siendo irónica como ella misma.
 Tú la casa de ladrillos; yo el lobo con pulmonía.

 Tengo frío como Islandia pensando en Rusia.

 Si llaman a la puerta, no mires quién es.
 Ya sabes que a la traición hay que dejarla pasar,
 y que se sorprenda de cómo está la cocina.

 Es más de medianoche.
  Aprende ecuaciones y sorprende a mi sueño,
que hoy
 Diablo no comprende de risas entre habitaciones

 más vacías que amarillas.

 Sabes lo que hay que olvidar,
y olvidas cuánto sabes.
 No obstante; no llores.

 Hoy la lluvia es tibia y sueña que nuestros ojos
visten de gala.
 Como cuando influenciada por la luna te llamaste Musa.

 El día que no haya mesa para dos en este parque,
 ese día,
que tiemble Madagascar y paren los robos de bancos.
 Hoy te sientas tú en uno,
 y yo rezo por que no te levantes.

 Sentirse Azazel y caer como el cielo cayó
es cuestión de tiempo.

 Mientras vuelas en mis hombros,
entre nubes color moratón en el ojo,
sabes, y reiteras,
que si la luna es llena por qué siempre es media
la que parece iluminarnos por la noche.

 Y yo digo,
como siempre,
que mejor que nos vea media
a una entera.

 Diablo anda lejos,
pero camina cerca.

 Olvídate.

 Mientras Islandia piensa en Rusia
y suena una balada en el fondo del asunto,
 solo importa una cosa,
y da sentido a que nos hayamos regalado
el segundo corazón.

 De oportunidades va ésta.

 Y prometo. Simplemente prometo.

 De aquí a Neptuno las veces que quieras.


viernes, 23 de septiembre de 2016

Para cuando quieras saber cómo eras

 Porque no, no sabes cómo eras. Ay, cómo eras.

 Soy quizá la persona más indicada de tu pasado para contarte cómo eras en él. Y como te has perdido entre recuerdos, pensamientos y dibujos, voy a refrescarte la memoria con un pequeño rocío de la mañana.
 Así te demostraré lo difícil que eres. Y lo que eras.

 Eras completamente un halo angelical; a la vez una tormenta de fuego. Eras el prototipo exacto de hija perfecta, sin ningún error en la base de datos, y previendo no querer cometer ninguno mientras sepas contar las estrellas como solías hacer. Aun así, amabas la guerra. Aunque solo aquella que estaba lo más cercano al amor que la Luna a tu balcón. Eras, en pocas palabras, una revolución en año nuevo; inesperada, in crescendo en silencio con los días que te soñabas Marte y te acostabas Venus.

 Por otra parte, eras totalmente un encargo tardío. Voluble como las nubes antes de llover. Demasiado voluble para tener una estabilidad que te salvara, pero a la vez resistente. Pedías lo que no tenías, y cuando lo tenías, lo guardabas para tener más, y más y más. Y al final, terminar con un "te mentía cuando decía que te amaba". Sálvese quien pueda.

 No podemos olvidar tampoco cómo te asimilabas con un chicle. Pegadiza. Como la típica cancioncilla de verano con tan poco sentido como nuestra suerte. Quien no te hubiera dedicado canciones de amor cada día, no hubiera aceptado esos impulsos de amor cada vez que nuestras miradas se encontraban.

 Y esa es otra, querida señorita impulsos. Arriesgabas la bandera blanca mejor que cualquier otra persona que haya conocido en mi vida. Como si no estuviera Diablo en la habitación de al lado deseando que me fuera al infierno como para que ahora tuviera que deseártelo a ti también.

 Me asombra lo poco que he mentido declarando tu fantástica aura casi transparente y tu fuego dinamita interno. Era exactamente tú.

 Y te enfadabas con facilidad, pero tenías el mismo rencor que un beso en verano; ninguno. Todas las personas del mundo te querían por esa gran capacidad tuya, de olvidar el daño por un 'lo siento'. Al menos, no eras tan inocente, y dabas por seguro quién no te volvería a dañar jamás. Acertabas.

 Creativa. Pero eso sigues siéndolo hasta en tus costillas. Bailándole a las ceras para que todos supieran que tenías magia. Lo sabíamos.

 Siempre estabas cantando. Cuando lo malo ocurría, sacabas una melodía que te hacía darle la vuelta al océano y reencontrar Atlántida de la forma más alucinante. Eras la nota que nadie más podía alcanzar, y no por alta, sino por complicada. Compleja como un mismo corazón. Deseábamos no tener cerebro después de tus pequeñas complejidades en cada palabra, abrazo o sonrisa, volviéndonos simples después de verte caminar.

 Eras un total quebradero de cabeza, un pequeño fruto al que le faltaban años luz para madurar, escudándose bajo el "es que soy muy infantil". Y que cuando escribieras una simple carta de amor, te faltara seguir los puntos. Pero tierna; tiernísima. Ibas a tu ritmo en cuanto a la pequeñísima e insignificante edad que teníamos cuando la literatura nos reunió. Eso me hacía feliz. Tú a tu ritmo. Y los demás a seguirlo.

 En resumen, has cambiado completamente. A bien, al menos -no lo olvides-. 

 Ahora es increíblemente difícil engañarte, aunque sea cariñosamente. 

 Mucho más dura que antes, casi de hierro, pero en tu interior solo un poco más que antes. Aún así eso también está cambiado. 

 Mucho menos voluble cada día, aunque con tus sobresaltos impulsivos que, claramente, son los que te dan vida. 

 No eres más revolución porque entonces harían falta armas para serlo.

 Un raciocinio espantosamente acertado, con la moral ética saliendo de la Vía Láctea, obligando a los demás a no entenderte, y que solo pocas personas lo hagamos.

 Un campo de tomates a punto de ser recogido. Y de fresas si quieres empezar la guerra ya.

 Una locura infinita. Aunque eso era justo como antes, pero ahora la sonrisa tiene más picardía.

 Una media luna.


 Para que no se te olvide cómo eras,

     Rubiales. O como quieras llamarme.